LOS VOCEROS DEL TRICENTENARIO.

Este año se esta celebrando el tricentenario de la casa de contratación de Cadiz, multitud de actos, exposiciones y eventos se han podido y se ven en la ciudad de Cadiz. En dichos actos siempre se muestra la importancia del comercio gaditano en aquella época (curioso que actualmente muchos afirman que ese espíritu comercial se ha perdido, yo creo mas bien que ha volado el dinero pero es opinión personal).

En fin, tanto trafico marítimo, tanto negocio junto en un espacio tan reducido atraía a mucha gente y con ello muchos buscavidas (otra curiosidad, como muchos gaditanos ahora ¿verdad?) que solían vender por la calle toda clase de productos, pregonando, intercambiando y voceando sus productos (vaya, tercer comentario personal, estoy que me salgo, hoy día esa herencia se refleja en las playas gaditanas y que pueden escucharles y leer dicha entrada en este enlace).

En el siglo XVII era típico ver por la calle a multitud de personas vendiendo todo tipo de productos y ofreciendoselos a los marineros, criados, esclavos y comerciantes de la ciudad. El puerto de Cadiz era un trajín de vendedores ambulantes, lenceros y buhoneros.

El Decreto de Libre Comercio favoreció sobre todo a Cádiz ya que su puerto se convirtió en la puerta de entrada del comercio de la península y fue tal que de él entraban y salían centenares de navíos hasta superar los mil al año.

Había comercio de todo tipo de artículos: hierro, acero, tejidos de calidad, cera, medicinas, libros, etc. con destino a las colonias y a otras parte del mundo y después llegaban productos de las colonias como el tabaco y el cacao, seguidos del azúcar, índigo, cochinilla y cueros.

A partir de 1797, los países extranjeros empezaron a participar en el comercio hispanoamericano, se inició una progresiva decadencia del comercio indiano y quedan para la historia los niveles máximos del setecientos como un techo nunca superado, al menos para la ciudad gaditana.

Así pues, a diferencia del gran comercio de las familias como Colarte, Recaño, Lilas y Valdes así como otras muchas familias de grandes comerciantes, se encontraban otras familias mas humildes de diferentes gremios de panaderos, afiladores, pasteleros, tapiceros, relojeros que hacían negocio a pequeña escala.

Por ultimo, estaban los buscavidas que vendían todo lo que pudiera interesar a los comerciantes, marineros y personas que circulaban en los alrededores del puerto, entre ellos estaban los vendedores de limonada que vendían limonada fría con el carácter singular y típico del gaditano.

Estos vendedores tenían un envase con una doble cámara donde iba la limonada, y entre esta y el corcho iba la nieve mezclada con sal e iba vestido de una forma muy reconocible con chaleco sin mangas, faldita y gorro ostentosos y de colores vivos.

También estaban los vendedores de tinta fina para escribir en dos cantaros, según parece la mayoría fabricada de manera artesanal y local, completando el atuendo con un paño para no mancharse de tinta y un embudo con una jarrita de lata que le servían como medida.

Estos vendedores eran muy apreciado ya que en aquella época la tinta era muy usada para los contratos comerciales, la liquidación comercial, los documentos de registro comercial, etc... Así que, era frecuente verlos por la casa de contratación, en los puertos comerciales, en las aduanas y en otros lugares donde fuera necesario.

Otro personaje típico de venta ambulante eran los candeleros y su típico reclamo: "candela caballero" donde generalmente una persona negra, seguramente esclavo liberado, vende candela con una larga mecha encendida ya que el primer mechero de bolsillo no se inventaría hasta 1823 y las cerillas no llegarían hasta 4 años después así que este negocio era muy lucrativo a mediados y finales del siglo XVIII.

Ya lo decía el Marqués de Llaurrutia; "en Cadiz solo se hablaba de comercio y dinero" siendo otro exponente de este comercio callejero el Lozero donde con una mula y un borrico con serones de esparto llevaba cargado toda clase objeto como platos, tazas, juegos de café de baja calidad así como otros objetos como orinales, platos de afeitados y pequeños barreños de limpieza. En este caso, se vendía por las calles al grito de; "el lozeeeroooo".

También estaba el arreglador de sillas, eran carpinteros venidos a menos que llevaban sus útiles de carpinterías y aneas secas para tejer asientos deteriorados, sobre todos las típicas sillas flamencas que hoy día todavía se pueden ver en muchos lugares. Como en el caso anterior, recorría las calles voceando su cántico con mas o menos habilidad al grito de "componer sillas".

Otro vendedor típico de aquella época era los vendedores de velones de diferente tamaño para una vela y después otros mas caros que eran pesados velones de aceite con su para-luz de metal calado.Su atuendo era también característico con pantalón, camisa, chaqueta corta o taleguilla y sombrero.

Curiosamente, sobre estos vendedores existen una leyenda que afirma que los velones eran los encargados de avisar a los masones de que había una convocatoria de reunión próxima y lo hacían golpeando los velones entre ellas de una determinada manera y cuyo sonido era solo reconocido por los masones gaditanos.

Igualmente, hay que tener en cuenta que el uso de velas y velones era muy frecuente en la masonería ya que las velas encendidas simbolizan la luz del creador y estaban presentada en diferentes colores: blancas (las mas habituales), las moradas y en muy pocos casos, negras.

También, el uso de velas en la representación de los candelabros de base triangular fueron usado, sobre todos, en el rito francés como una constante del mobiliario ritual así como el uso del candelabro de la Menorah en el rito escoces como otras influencias de la multitud de culturas que pululaban en la ciudad gaditana y que interfirieron en su simbolismo y su disposición.

Por supuesto, las mujeres también tenían que vender si querían sobrevivir y era habitual encontrarse con las vendedoras de Menúo, sobre todo, para los que no tenían mucho tiempo para cocinar, iban de paso o simplemente disfrutaban calentándose con el plato o con el calor de la tarde.


Dichas mujeres llevaban una olla de barro llena de menudo en la cabeza y un palo-cuchara de madera era usado para servir al gusto del cliente, por supuesto, el cliente ponía el soporte, plato o vaso de madera para comerte después el menudo.

El menudo, es uno de los platos mas típicos de Cadiz, traído seguramente por los asturianos afincados en Cadiz a buscar su porvenir, y curiosamente todavia se sorprende los asturianos de que en Cadiz le echemos garbanzos al resto de avíos del menudo (pimentón, chorizo, recortes de jamón (vamos, lo que llamamos aquí la culata del jamón), la parte principal (despojos del ganado vacuno como patas, estómagos y morros y aromatizado todo con una cabeza de ajo, una cebolla y hojas de laurel. Terminado todo con un buen chorreón de aceite de oliva.


La primera referencia a este plato se dio en el sainete de finales del siglo XVIII "el café de Cádiz", de Juan Ignacio González del Castillo, donde se indica que "esa que vende menudo en la calle de la Higuera". Una calle del populoso Barrio Santa María y que todavía existe en dicho barrio con la misma denominación. No indica si los vendía guisados o cortados y limpios, como es costumbre actualmente. En otro sainete "El Café de la Tuna" existe una nueva referencia al menudo donde una mujer presume de la comida que realiza su hermana: "Pues mi hermana ¡qué bien que guisa un menudo!"

En fin, también existían los vendedores de vino, de aguardiente, de aceites, de frutas y de pescados, estos dos últimos todavía se pueden ver alguno en los callejones y esquinas de Cadiz en pleno siglo XXI, así como chalanes, tratantes de bestias y buhoneros.

Sin embargo, todos ellos fueron retratado en 1813 por el gaditano Tomas de Sisto en diversas ilustraciones donde ponía su visión de los voceros de la ciudad constitucional en un lujoso libro presentado de la siguiente forma: "Encuadernación en marroquín verde oliva. Decoración dorada y gofrada. En ambos planos de cubierta, gran orla dorada realizada con filetes y hierros sueltos y florones en las esquinas. Centro de ambos planos con mosaico en color habana. Lomo con cinco nervios, entrenervios decorados con hierros dorados. Guardas cartón en piel y guardas volantes en tela de moaré color marfil. Los tres cortes dorados. Encuadernada por Galván".

Todos estos voceros y vendedores ambulantes estaban ataviados con sus atuendos propios de su oficio y que fueron los herederos de aquellos otros vendedores del siglo XIX que Tomas de Sistos retrataría para recuerdo de los gaditanos pero donde tambien han permanecido sus cantos tanto en las playas gaditanas como en algunas calles del centro de Cadiz.

FUENTES CONSULTADAS: WIKIPEDIA, LAS PAGINAS: GRUPOGASTRONOMICO GADITANO.COM, RITO FRANCES.NET, LA BITACORA DE HIRAM.BLOGSPOT.COM, LA EXPOSICIÓN FUNDACIÓN UNICAJA "CADIZ DEL XVIII. CIUDAD Y SOCIEDAD DEL TRICENTENARIO. ESCENAS DE LA VIDA COTIDIANA", LA EXPOSICIÓN DE LA DIPUTACIÓN DE CADIZ "CUANDO EL MUNDO GIRO ENTORNO A CADIZ", EL TRABAJO UNIVERSITARIO COMERCIANTES Y CASAS DE NEGOCIOS EN CADIZ 1650-1700Y LOS LIBROS: 

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